¿Por dónde empiezo?
La inevitable pregunta al iniciar un proyecto nuevo. Como la respuesta no es la obvia, solemos responderla mal.
Digamos que me piden poner a un mico a cantar ópera parado sobre un pedestal.
¿Por dónde empiezo?
Tengo dos opciones, empiezo a entrenar el mico a cantar o empiezo a construir el magnífico pedestal. No tengo ni idea de cómo poner el mico a cantar pero si tengo una idea de cómo construir el pedestal, entonces empiezo por ahí. No hay mejor trampolín que buenos avances para subir la moral y coger impulso.
Error, esa es la trampa.
A la hora de empezar un proyecto solemos empezar por lo que ya sabemos hacer porque por un lado, ya es suficiente incertidumbre crear algo nuevo entonces más vale empiezo por lo que ya se hacer y segundo, porque usualmente tendré que mostrar avances y como me asusta tener que llegar al check in de la próxima semana sin nada que mostrar, prefiero empezar por lo que ya se hacer y, por lo menos garantizar que no llegaré con las manos vacías.
El lío es que lo más importante a la hora de empezar un proyecto nuevo no es mostrar avances, sino saber si el proyecto es posible, saber si es viable. Para lograr que un mico cante ópera en un pedestal lo más importante es saber si es posible que un mico cante. El escenario trágico (y lastimosamente el más común) es dedicar el primer mes a construir un magnífico pedestal, el segundo mes a componer la ópera más apropiada, el tercero a confeccionar el atuendo del mico y el cuarto a lograr que el mico cante. La tragedia es mostrar tres meses de avances perfectamente atados al cronograma tan sólo para darse cuenta al cuarto que el proyecto era imposible.
Sostengo que la tragedia es tan común porque lo único que se necesita es un buen manager que premia a quienes muestran avances y cumplen el cronograma. ¿Acaso no es esa una buena práctica? ¿Acaso no son esos los empleados más fiables y productivos? Incentivo perverso porque genera empleados con miedo a no mostrar avances, por ende, personas aversas al riesgo que sólo van a trabajar en lo que saben que van a cumplir y que difícilmente te van a proponer los proyectos locos. Si te estás preguntando por qué tu equipo no piensa por fuera de la caja, mira si es por aquí.
Al iniciar un proyecto, no debería existir un cronograma. Tan sólo debe haber una fecha límite para descubrir si, con las herramientas y recursos disponibles hoy, es posible poner el mico a cantar. Lo más importante al evaluar un proyecto es identificar cuál es el mico y cuál es el pedestal y empezar por el primero. Kudos para Google, entiendo que son los autores de esta buena lección y linda analogía.
En Monomo se ha convertido en uno de nuestros principios. Nadie puede presentar un proyecto sin siquiera haber intentado identificar el mico y el pedestal. En sesiones de ideación o de feedback, constantemente salen las expresiones "¿Seguro que ese es el mico?" "¿Cuál es el mico de esta joda?". Los proyectos empiezan con una fecha apretada para lograr que el mico cante una palabra, sólo hasta ese momento realmente se da el proyecto por iniciado. El impacto en el equipo ha sido que las personas se arriesgan a proponer e intentar proyectos atrevidos, sabiendo que van a tener el tiempo apropiado para descubrir su viabilidad sin necesidad de mostrar avances banales que todos sabemos eran posibles crear, como el pedestal.
¿Por donde empiezo? El mico, siempre el mico.